Restaurante Casa Carmela
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Las paellas a leña son nuestra especialidad y cocinamos el arroz de veinte maneras diferentes.

Para abrir boca proponemos unos entrantes con los productos más frescos de la huerta y del mar.

Nuestro Esgarrat de pimiento es una adaptación de la típica ensalada de la huerta a la que mi abuela añadió, hace ya 50 años, la mojama y el bacalao. Y si lo que lo apetece es ensalada, también preparamos la de tomate de la tierra trinchado con tronco de atún, además de la típica valenciana.

El pulpo templado a la brasa y el calamar fresco a la romana son otras opciones. O los clásicos: la clòtxina valenciana y la tellina de playa.

Cada día, según el mercado, ofrecemos mariscos frescos traídos directamente de la lonja: gamba de Dénia, langosta de playa, almejas de carril, ostras…

Paellas y arroces
La paella cocinada con el fuego de la leña es nuestro plato fuerte, el tradicional de nuestra casa.

De fina capa, con el punto justo de socarrat y el sabor ahumado del fuego, nuestra paella se cocina con ingredientes frescos y de calidad.

El pollo, el conejo y el pato de nuestra paella nos los sigue trayendo el proveedor de toda la vida, de su corral en la Huerta de Vera. Sólo usamos las variedades autóctonas de las legumbres y verduras. El garrofó de vaina (judía blanca) y el bajocó de ferradura (judía verde) nos asegura la frescura y también añadimos alcachofa fresca. Por último, para el sofrito previo a la cocción, usamos tomate de la tierra, natural y rallado.

El caracol lo compramos ya purgado pero lo engañamos, seleccionamos y cocemos en casa.

No usamos colorante artificial, sólo azafrán de hebra, lo que proporciona un aroma más natural al arroz, matiza su tonalidad final y, desde luego, lo hace más saludable.

Nos gusta destacar que no utilizamos fondos precocinados.

Una vez elaborada, la paella la servimos en el centro de la mesa (con un soporte que hemos patentado y que evita los riesgos del tizne), para comer con cuchara de madera. O, si se prefiere, la servimos en plato.

La paella con carne y verdura, la llamada valenciana, sólo la elaboramos por encargo y hacemos un número limitado al día.

Si lo que apetece es pescado o marisco, podemos decantarnos por el arroz del Senyoret, de marisco pelado, la paella de bogavante (canadiense o azul) o la de langosta de la playa.

Y si no queremos arroz, en Casa Carmela elaboramos la típica fideuà con marisco y rape troceadito.

Pero además de las paellas a leña, en Casa Carmela es tradición el Nugat de rap una variedad del all i pebre en el que sustituimos la anguila por el rape, bañado en un picadillo elaborado en el mortero tradicional de mármol.

Postres

Para coronar una buena comida, proponemos una selección de postres caseros y dulces elaborados por nosotros, como el tocino de cielo, la tarta de queso y arándanos, o el flan de calabaza con arrop i tallaetes; además de una amplia variedad de helados y sorbetes artesanales.

Vinos

Disponemos de una bodega, oportunamente climatizada, que alberga una cuidada selección de vinos, con más de 150 referencias nacionales e internacionales que renovamos constantemente.

Ponemos especial atención a los nuevos caldos valencianos, proponemos los mejores maridajes posibles con cada plato de nuestra oferta gastronómica y lo hacemos con todos el esmero que cada vino requiere.

Casa Carmela comenzó siendo una barraca que servía de cambiador a los bañistas ocasionales de la playa de la Malvarrosa, allá por los años 20. Mi bisabuelo José Belenguer recorría todos los días de verano la huerta de Vera, donde vivía la familia, para llegar a la playa y dar servicio a los turistas madrileños que se acercaban al Mediterráneo.

En 1922 registró la empresa y le puso el nombre de su esposa, mi bisabuela, Carmen.

Con el tiempo, además de cobijo a los bañistas, en Casa Carmela también se daban comidas y acogían huéspedes. El Tío Toni y Lola la Rialla, mis abuelos, criaban sus propios animales de granja, en el corral posterior, y se traían las verduras y las frutas de la huerta familiar, la de Vera. Con todo ello, y con los pescados que traían las barcas, mi abuela hacía los guisos del día para los paseantes ocasionales, y sobre todo, para su asidua clientela.

Viente Blasco Ibañez
Entre los clientes fijos estaba el propietario de la imponente villa contigua a Casa Carmela, el escritor y político valenciano Vicente Blasco Ibáñez. Mi abuelo me ha relatado muchas veces la inquietud que se despertaba en la villa Blasco cuando el escritor volvía de sus viajes. Y él lo sabía porque ayudaba a su padre a llevar las viandas cocinadas por mi bisabuela para el festín familiar. El menor de los hijos, Sigfrido Blasco-Ibáñez Blasco, jugaba como compañero de mi abuelo en el chamelo, en las interminables partidas que se montaban al caer la tarde.

Manuel Vicent en su “Tranvía a la Malvarrosa” refleja así el ambiente vespertino que se respiraba en casa carmela en los años 50 y 60:

“Por la tarde nos fuimos paseando hasta el final de la playa. (…) Pasando la línea de los chalets al final de la playa estaba Casa Carmela junto a una villa pompeyana que era del escritor Blasco Ibáñez. Bajo el cañizo de Casa Carmela sirviéndose de una silla de enea como caballete Julieta comenzó a pintar y juntos tomamos unos caracoles de mar y mejillones.”

Durante décadas, cuando llegaba la primavera y el buen tiempo y, sobre todo, a partir de la Semana Santa, los clientes se incrementaban exponencialmente y el local bullía por las noches hasta altas horas con la Fira de Juliol. Los mariscos, los arroces marineros, la caragolà o guiso aromatizado de caracoles y los calamares corrían en las bandejas por la gran terraza. Las nécoras, las bocas, las canaillas y quisquillas compartían mantel con la paella de pollo y conejo, la ensalada de pimiento, mojama y bacalao y con el vino.

En los años setenta, justo cuando yo nací, mis padres, Lola y Alfonso, y mis tíos, Carmen y Jesús, tomaron definitivamente las riendas del negocio. En estos años se reformó el establecimiento y se ampliaron las barras, el salón-comedor y también la cocina, donde definitivamente se construyeron los paelleros a leña. Así ganó fama como casa de comidas especializada en arroces, en paellas cocinadas al fuego de la leña, con el “socarrat” ahumado y crujiente y la capa de arroz muy fina. Mi madre y mi tía dirigían los fogones y mi padre y mi tío gestionaban la empresa y atendían al público.

Esta fue la gran reforma pero no la última, que llegó en 1989, cuando el local incorporó la terraza al salón, las paredes se recubrieron con cerámica de Manises típicamente valenciana y se modernizaron los paelleros y la cocina.

En el año 2011 tomé el relevo y me propuse continuar con la tradición culinaria valenciana, heredada de mi bisabuela. Quiero llevarles a la mesa lo mejor del mar y de la huerta, los arroces y los dulces que yo mismo elaboro, y todo con una atención, confío, familiar.


Restaurante Casa Carmela
Isabel de Villena 155,
46011 - Valencia
Teléfono: 963 710 073 
http://www.casa-carmela.com




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